Apoyado en la estabilidad cambiaria, mayo terminó con renovadas ganancias en dólares para ciertos plazos fijos y bonos en pesos. Así, la estrategia de carry-trade, que busca rendimientos dolarizados con activos en moneda local, anotó otro mes en positivo.
La pregunta que surge ante esta situación es si la estrategia de carry-trade seguirá vigente en lo que resta del año. Los analistas privados recomiendan la cautela y alertan que el esquema cambiario y monetario del Gobierno, que incluye dólar estable en torno a $1400 y tasas de interés en pesos negativas, será puesto a prueba en el segundo semestre.
“El foco del mercado comienza a desplazarse gradualmente hacia el segundo semestre. La cosecha viene dejando una oferta relevante de divisas, con liquidaciones acumuladas que ya superan los US$10.000 millones, pero este impulso empieza a quedar atrás. Hacia adelante el escenario luce más exigente, con una demanda de pesos todavía frágil y un calendario de vencimientos exigente”, señaló el reporte semanal de GMA Capital, que igualmente indicó que seguirá el aporte de las colocaciones de deuda en moneda extranjera.
En la consultora Outlier coincidieron en que la oferta de dólares es amplia hoy, pero tiene chances de disminuir en la segunda mitad del año. Por el contrario, puntualizaron que la demanda tiene motivos para crecer, entre los que mencionaron la compra de dólares de individuos una vez cobrado el aguinaldo, eventos como el Mundial y el pago de dividendos hacia fin de año.
El dilema que enfrentará el Gobierno
Con ese escenario de mayor demanda de dólares y menor oferta, los analistas anticiparon que el Gobierno enfrentará un dilema: dejar que el tipo de cambio suba o propiciar un aumento en las tasas de interés en pesos -que hoy pierden contra la inflación- para alentar el carry-trade y contener la demanda de divisas.
“A medida que el segundo semestre avance y ese flujo pierda intensidad, sostener la estabilidad cambiaria podría requerir tasas reales más altas para evitar una mayor dolarización de carteras”, dijeron en GMA Capital.
Y advirtieron que un repunte de la demanda de dólares presionaría sobre la cotización del tipo de cambio, que impacta en la inflación. En tanto, una suba de la tasa de interés para contener la dolarización podría profundizar la debilidad de la actividad, ya golpeada por la caída del consumo y la limitada recuperación de los ingresos reales.
Los analistas de Outlier coincidieron en que la duda es qué hará el Gobierno ante un eventual repunte de la demanda de divisas: sostener las tasas bajas y dejar subir al dólar o convalidar un alza en los rendimientos en pesos.
“Tras el episodio de encajes altos del año pasado que empujó hacia arriba las tasas activas de los bancos, alimentó la mora generalizada y sofocó la recuperación vía crédito que veníamos viendo, creemos que el Gobierno puede pensarlo dos veces antes de dejar ajustar la tasa con tal de ralentizar el tipo de cambio”, recordó el reporte.
Pese a ello, reconoció: “Hasta ahora, cada vez que tuvo que elegir entre baja volatilidad de tasa y frenar el tipo de cambio (ancla de facto junto con el superávit fiscal), el equipo económico priorizó lo segundo”.
