El desembarco de autos eléctricos e híbridos en la Argentina trae consigo una discusión que crece por debajo del radar: la ausencia de rueda de auxilio. En su lugar, varios modelos —en especial de origen chino— incorporan kits de reparación de pinchaduras. La propuesta responde a una lógica global, pero en el uso real genera interrogantes.
La tendencia ya se consolida en el mercado local. Modelos de marcas como BAIC, BYD, DFSK, Haval y MG llegan sin auxilio, en línea con una estrategia que prioriza espacio para baterías y reducción de peso. El fenómeno no es exclusivo de China, pero en estos vehículos se vuelve más evidente por su rápida expansión.
El argumento técnico resulta claro. Los autos electrificados requieren optimizar cada centímetro y cada kilo. La batería ocupa espacio y el peso impacta en la autonomía. En ese esquema, la rueda de auxilio pierde lugar frente a soluciones más livianas.
Sin embargo, el problema aparece cuando el diseño global choca con la realidad local. En la Argentina, las distancias, el estado de las rutas y la cobertura de servicios transforman un detalle en un factor crítico.
Una solución limitada frente al uso real
Desde el área técnica del Centro de Experimentación y Seguridad Vial (CESVI Argentina) advirtieron que estos sistemas no reemplazan al auxilio tradicional. Explicaron: “Los kits de reparación son una solución de emergencia limitada, útil solo para pinchazos menores sobre la banda de rodadura y en determinadas condiciones”.
El funcionamiento es sencillo: un sellador se introduce dentro del neumático y, junto con un compresor, permite continuar la marcha. El problema aparece cuando el daño es mayor.

“Si hay un corte o daño estructural, el kit no sirve”, señalaron desde el organismo. Esa limitación no es menor. En calles con baches o rutas deterioradas, el riesgo de rotura supera ampliamente el de una simple pinchadura. En esos casos, el vehículo queda inmovilizado.
El riesgo de quedar varado
El impacto de no contar con una rueda de auxilio tradicional se vuelve más evidente en escenarios adversos. “Ante un daño severo en el neumático, el vehículo quedará definitivamente varado”, indicaron desde CESVI.
La recomendación, en esos casos, resulta directa: solicitar remolque de inmediato. Pero ahí surge otro problema estructural. En muchas zonas del país, la asistencia puede demorar horas. Incluso en corredores transitados, la respuesta no siempre resulta inmediata. Esa variable convierte un inconveniente menor en un problema logístico.
La diferencia con otros mercados es clara. En países con mayor densidad urbana y servicios más eficientes, prescindir del auxilio no genera el mismo impacto. En la Argentina, sí.
Costos ocultos y mantenimiento
El reemplazo del auxilio no solo plantea un problema operativo, también abre un frente económico.

Un kit de reparación puede costar entre $80.000 y $150.000. El sellador tiene vencimiento y requiere reposición periódica. A eso se suma el costo del neumático, que en estos modelos oscila entre 250.000 y 500.000 pesos.
Pero el impacto no termina ahí. Desde CESVI señalaron posibles daños colaterales. “El sellador puede distribuirse en el interior del neumático y la llanta, e incluso afectar el sensor TPMS (Tire Pressure Monitoring System, es decir, sistema de monitoreo de presión de neumáticos)”, precisaron.
Ese sensor controla presión y temperatura. Si se daña, requiere reemplazo y recalibración del sistema. El proceso implica costos adicionales y mayor complejidad técnica.
Además, la limpieza del neumático tras el uso del sellador no resulta sencilla. En muchos casos, la reparación convencional pierde viabilidad.
