En el corazón financiero del mundo, con Wall Street como telón de fondo y en un momento en el que la Argentina vuelve a estar bajo la lupa de los inversores globales -y al mismo tiempo emergen dudas locales-, Jorge Pablo Brito, presidente de Banco Macro, eligió ir al núcleo del problema. “Hoy la duda más importante que tienen los inversores es si (el presidente) Javier Milei sigue o no luego de 2027”, afirmó.
La definición llegó en Nueva York, en la antesala de un hito para la entidad que preside: el toque de campana en la Bolsa de Nueva York (NYSE) por los 20 años de su cotización en Estados Unidos, un símbolo del salto de banco del interior a protagonista central del sistema financiero argentino con presencia internacional. Pero el aniversario, lejos de quedar en lo institucional, funcionó como plataforma para trazar un diagnóstico sobre el momento económico y político del país.
En paralelo a las actividades por el aniversario, el banquero participó de una charla en la Universidad de Columbia -una de las instituciones académicas más prestigiosas de Estados Unidos-, ante un grupo reducido de alumnos de Argentina y Latinoamérica que completaron el cupo disponible. En ese marco, y en la previa al opening bell, mantuvo además un encuentro con un grupo de periodistas argentinos -entre los que se encontraba Ámbito-, donde profundizó sobre el presente económico, las dudas del mercado y las perspectivas del sistema financiero.
Brito -quien tomó las riendas de la entidad dos años y medio después del fallecimiento de su padre, Jorge Horacio Brito, ocurrido en 2020- combinó la mirada de largo plazo con la lectura del presente. En ese sentido, advirtió que el principal desafío de la Argentina es la credibilidad: “El mundo necesita creer que esto no es un proceso de dos años”, y que, sin esa condición, la baja del riesgo país y el acceso al financiamiento difícilmente se sostengan en el tiempo.
El ejecutivo también puso el foco en la dinámica del crédito y las tensiones del esquema monetario: “Cuando faltan pesos, baja la inflación, pero también hay impacto en la actividad”, explicó, en referencia a un ajuste que avanza a distintas velocidades entre sectores. En ese marco, alertó sobre el aumento de la morosidad y su efecto sistémico: “Si sube la morosidad, suben las tasas para todos”.
Sobre el tipo de cambio, rechazó la idea de atraso cambiario y propuso mirar los flujos más que los precios relativos: “No veo nada que me haga pensar que la balanza comercial se vaya a deteriorar”. En paralelo, señaló que aún quedan cuestiones pendientes -como la salida del cepo para empresas- que condicionan la llegada de inversiones.
“Cotizar en Nueva York te obliga a ordenarte, a profesionalizarte y a trabajar con estándares mucho más altos. Es como ponerse un corset”, recordó sobre el impacto estructural que tuvo la salida al mercado en 2006.
