El dólar saltó este martes por arriba de los 1500 pesos y en lo que va de Junio le ganó cómodo a la inflación. Se trata de un movimiento importante que obligó al mercado a analizar los beneficios y riesgos del deslizamiento cambiario.
El mayorista fue la primera señal. Avanzó diez pesos, un 0,7%, hasta $1.471,50. Es el valor más alto desde el 2 de enero, cuando había tocado $1.475. En lo que va de junio acumula una suba de 4,5%. Desde el piso de mediados de abril, el avance llega al 8%.
El movimiento se repitió en el resto de las cotizaciones. El oficial también acompañó y se ubicó en $1.490. Subió 2% en la tercera semana de junio y ya suma 2,6% en el mes. El blue también trepó diez pesos, hasta $1.505, su valor más alto desde el 20 de enero. En junio, el informal acumula un aumento de $75, una suba de 5,2%. Los financieros MEP y CCL también marcaron sus precios más altos desde el 8 de enero. El CCL llegó a $1.543.
La inflación esperada para junio se ubica entre 1,9% y 2,1%. El dato no es menor. Después de varios meses en los que el dólar corrió por detrás de los precios, ahora el tipo de cambio pasó adelante, y por mucho.
Ahí aparece la discusión de fondo. ¿Es bueno o malo que suba el dólar? La respuesta desde donde se mire. Para los extranjeros, la Argentina se vuelve más barata. Para el turismo receptivo, es una ayuda. Para quienes cobran en dólares, los gastos en pesos se licúan. Para las exportadoras, mejora el ingreso medido en moneda local. Y para parte de la industria, puede significar menos presión en la competencia con productos importados.
Pero del otro lado de la mesa también hay cuenta. Para los argentinos, viajar afuera se encarece. Para las empresas que importan insumos, el costo sube. Para las compañías endeudadas en dólares, la mochila pesa más. Para los precios, la señal es sensible: energía, tecnología, autos, alimentos exportables y mercadería con reposición dolarizada suelen reaccionar, aunque no siempre con la misma velocidad.
Por eso el mercado se debate entre dos lecturas. Una dice que el dólar un poco más alto mejora la competitividad y corrige parte del atraso cambiario. La otra advierte que, si el salto se traslada a precios, el alivio dura poco. Es la vieja calesita argentina: cuando el dólar se atrasa, cruje el sector externo; cuando se mueve, tiemblan los precios.
El Gobierno todavía puede mostrar que el dólar se mantiene dentro de las bandas. La banda superior definida por el Banco Central está en $1.796,13. Eso deja al mayorista a $324,63 de ese techo, una distancia de 22,1%. No está contra la pared. Pero el volumen operado en el segmento de contado, de USD 645,7 millones, mostró que la rueda no fue una siesta.
El dato más curioso es que la presión apareció después de un saldo externo histórico. En mayo, Argentina registró un superávit comercial récord de USD 3.504 millones. El resultado estuvo favorecido por una caída de 7% interanual de las importaciones. Entraron dólares, pero el mercado igual pidió más cobertura.
El problema es que ese colchón no parece eterno. La mejora de los términos de intercambio dio un impulso extraordinario, pero difícilmente se repita con la misma intensidad. Si la actividad se recupera en los próximos meses, aunque sea de manera moderada, la demanda de dólares para importar tenderá a crecer.
Al mismo tiempo, la oferta del agro ya perdió velocidad. Las exportaciones globales crecen, pero con estos precios el campo no tiene demasiados incentivos para acelerar la liquidación. Según CIARA, las ventas acumuladas del sector están 12% por debajo del año pasado, aun con una campaña histórica.
El Banco Central también compró menos. Después de haber adquirido USD 2.769 millones en abril y USD 2.596 millones en mayo, en los primeros 20 días de junio acumuló USD 1.106 millones. La desaceleración se vio con claridad en la tercera semana del mes: tras el feriado del lunes, compró USD 79 millones el martes, USD 34 millones el miércoles y USD 70 millones el jueves. El promedio diario fue de USD 61 millones. La dinámica siguió más floja. En la última rueda, el BCRA compró apenas USD 20 millones.
Mantener la racha compradora es un dato positivo. No tuvo que vender reservas en el mercado oficial. Pero el monto quedó lejos de los picos de hasta USD 450 millones diarios que había mostrado entre abril y mayo.
Las reservas brutas tampoco acompañaron. Terminaron en USD 47.469 millones, con una baja diaria de USD 38 millones. En el mes caen USD 722 millones, aunque en el año todavía suben USD 6.304 millones. Todavía lejos de la meta exigida por el FMI. Porque el Central compra por una ventanilla, pero hay muchas puertas de salida abiertas.
La tensión también apareció en los futuros de dólar. El interés abierto en ROFEX tuvo una fuerte suba diaria de 224.500 contratos, equivalente a unos USD 224,5 millones. En el mes, el acumulado llega a 740.000 contratos, unos USD 740 millones. El volumen operado quedó cerca de los 2 millones de contratos.
PPI marcó el dilema con precisión. "Para mantener el ritmo de compras, la autoridad monetaria debería promover un tipo de cambio más alto, lo que no sería sencillo de llevar adelante, ya que implicaría quitarle certidumbre al carry armado en el mercado local", señaló la consultora.
Ahí está el nudo del programa. El Gobierno necesita reservas, pero también necesita que los pesos sigan quietos. Necesita que el dólar no se escape, pero también que no quede tan atrasado como para frenar la liquidación. Es una frazada corta: si tapa al Banco Central, destapa al carry; si calma al carry, incomoda la acumulación de divisas.
El Gobierno camina por esa cornisa. Quiere competitividad sin devaluación, reservas sin presión cambiaria y carry sin sustos. Demasiadas vueltas para una misma perinola.
