El Gobierno tiene como prioridad aprobar la reforma electoral. Por eso, habilitará cambios en el proyecto para negociar los votos en el Congreso. La decisión formó parte de las conversaciones de la mesa política del martes en la Casa Rosada, donde el oficialismo repasó la agenda parlamentaria y empezó a ordenar una estrategia más flexible frente a las resistencias de aliados y bloques dialoguistas.
“Estamos admitiendo modificaciones. Los proyectos son el punto de encuentro de los votos necesarios”, expresaron en Nación. El Gobierno reconoce que no cuenta hoy con los apoyos para sancionar la reforma original y que la discusión ya no pasa solo por defender el texto, sino por encontrar una fórmula que permita dictaminar y llegar al recinto con mayoría.
La reforma electoral integral ingresó al Senado a fines de abril y fue girada a la Comisión de Asuntos Constitucionales. El Senado tuvo una primera reunión hoy para comenzar su tratamiento, con exposición de María Luz Alegría Landivar, asesora del Ministerio del Interior.
El principal punto de negociación es la eliminación de las PASO. En el oficialismo todavía buscan una suspensión, pero admiten que la discusión se acerca a convertirlas en no obligatorias. “Estamos trabajándolo”, agregan cerca de las negociaciones. Es una salida intermedia para evitar que el capítulo central del proyecto quede bloqueado por falta de acompañamiento del PRO, la UCR y sectores provinciales.
Así lo expresó la jefa de bloque de La Libertad Avanza, Patricia Bullrich, luego de la reunión: “Vamos a poner a la vista todos los proyectos de los senadores que han presentado distintos temas. El proyecto original se modifica de acuerdo a los consensos que se van logrando cuando no se tiene mayoría. Se va a discutir un sistema alternativo a las PASO”.
El dato técnico condiciona toda la estrategia. La Constitución establece que los proyectos que modifican el régimen electoral y de partidos políticos deben aprobarse por mayoría absoluta del total de los miembros de cada Cámara. Eso obliga al Gobierno a reunir 37 votos en el Senado, que tiene 72 integrantes, y 129 en Diputados, cuyo recinto cuenta con 257 bancas.
El Gobierno intentará en principio tratar Ficha Limpia dentro del paquete para condicionar el apoyo de aliados. En Nación sostienen que separar ese capítulo podría permitir una aprobación rápida de la parte con mayor consenso y dejar sin margen al resto de la reforma. La postura genera tensión con sectores dialoguistas que prefieren avanzar por etapas y despegar Ficha Limpia de la discusión por las PASO y el financiamiento partidario.
La discusión también ocurre en medio de las tensiones internas por Manuel Adorni y por el rol de Patricia Bullrich en el Senado. La jefa del bloque libertario viene de marcar diferencias con Javier y Karina Milei por la presentación de la declaración jurada del jefe de Gabinete, pero al mismo tiempo es una de las interlocutoras centrales para intentar ordenar los votos. En la mesa política, el Ejecutivo buscó cerrar filas y volver a ubicar la reforma como eje de la agenda.
En la Casa Rosada saben que el texto original difícilmente sobreviva sin grandes concesiones. La apuesta ahora es preservar la base de la iniciativa, sostener Ficha Limpia como elemento de presión sobre los aliados y negociar una fórmula alternativa para las PASO. En Balcarce 50 reconocen que entregarán “todo lo necesario” para sancionar la reforma.
